|
Al lector más o menos avisado Nota del autor, a modo de introducción
En cuanto al ropaje de su versos debo advertirte, lector, sean quien fueres, que al ser un novio yo en este menesteres, habrán de chirriar ellos como goznes ingrasados; carentes de sal y donosura, en ocasiones; y casi siempre, sin pulir como debiera. Y medirás mi torpeza con sólo parar mientes en cualquiera de estas rimas. Y eso con juzgar por ti mismo. Porque peor me lo pones si lo comparas con otros de grandes profesores de este arte, que entendieron de sus leyes y de la música de que deben de estar provistos. Sin mover papeles, sin cotejo de poetas antiguos y nuevos, simplemente con recordar de paso algunas sabrosas rimas, que todos aprendimos en los pupitres lustrosos y que en la memoria guardamos, saltará la diferencia a nuestros a ojos vista. En el aspecto histórico se agrava el asunto; pues si en materia de versos te digo soy un novicio, ahora no acierto a definirme, a menos que te diga, que apenas si me sé el alfabeto. De acá y de acullá tomé de prestado alguna noticia de cuya certeza histórica estoy tan seguro como lo estará Bucéfalo de las hazañas del gran macedonio. Pero si no es esto ¿qué es en definitiva lo que pretende ser este libro que con tanto desenfado te parecerá escrito; tan desprovisto de propósito y tan descomedido, que sería atrevimiento emparentarlo con otros de la familia, aunque fuera de modo tan colateral que apenas tuviesen el mismo "adeene"? Te ruego, llegados a este mojón, no seas displicente en escucharme, porque en esta provincia, que compete al puro narrador, he querido instalarme. Dispensa que estire de mis razones o de mis motivos; en cambio, las razones son, cuando menos, visiones claras o más o menos turbias, pero visiones - hasta que te ofrezca, siquiera un mendrugo para llevarte a la boca… (sigue). |